Desde
hace cuatro años me dedico a coordinar talleres, pero a comienzos
del 2004, armé el taller en torno de una nueva propuesta
teórica. Repasando lecturas clásicas, y analizando
textos de autores nuevos, me pareció que la idea del viaje
estaba siempre presente, que constituía para mí una
metáfora de la escritura y también del escritor, siendo
éste el viajero por excelencia. No se trata de desplazarse
físicamente a un lugar, aunque esto también suele
ser un potente aliciente para escribir, sino que se trata del desplazamiento
que se produce con la hoja y la lapicera, con la pantalla, en ese
momento en que nos sentamos a escribir. Me viene ese verso famoso
de Hamlet, que Borges cita al comienzo de El Aleph: "Oh God,
I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite
space". (Oh Dios, podría estar encerrado en una cáscara
de nuez y creerme el Rey de un espacio infinito). Nos vamos, simplemente
partimos y nos partimos: uno se abandona el tiempo y el espacio
rutinario. Todo se amplía y se focaliza a la vez. Los objetos
más cotidianos se nos presentan bajo una luz distinta, se
vuelven extraños, asombrosos, increíbles. Seguimos
de cerca a personas con las que nunca hablamos en la realidad, pero
que conocemos muy bien. Surgen historias, sensaciones, imágenes.
La hoja, que siempre desea ser espejo, las va captando, usándonos
de mediadores.
Por
eso, para mí el espacio del taller es tan especial como desafíante.
En el círculo que se forma, se pueden compartir aquellos
obstáculos que se nos aparecieron en nuestro viaje y se puede
invitar a otros a que participen del mismo. Entonces el viaje se
multiplica, se potencia, se convierte en mil y un viajes. Inesperadamente,
se producen toda clase de descubrimientos, revelaciones. El intercambio
entre los viajeros es intenso, inigualable, riquísimo: cada
uno lleva un equipaje y siente de una manera distinta, pero está
dispuesto a seguir experimentando, conociendo, a seguir abriéndose
al lenguaje, a su precisa impresición, a su anhelada traducción
perfecta -imposible- del yo, a la letra que diga lo que quiero-lo
que deseo-lo que me duele-lo que me importa. Ese viaje emprendí
este año, al principio con un poco de incertidumbre -¿quién
vendrá? ¿quién me acompañará?-
porque todos los viajes fundamentales tienen algo abismal, algo
de descenso y enfrentamiento necesario. Hoy puedo decir que estoy
feliz, que me acompaña gente valiosa y brillante. Y el verso
de Alejandra Pizarnik resuena en mí transformado: Arremetámos
¡viajeros!
"Siempre
de viaje": La escritura como búsqueda y traducción
de la experiencia.
A
partir de la concepción de la escritura como búsqueda
y traducción de la experiencia propia, se plantea la relación
con el viaje físico y con el viaje interior, mental, subjetivo.
El planteo se basa en la escritura como "reflejo" del
desplazamiento personal, del "yo", y entonces surgen las
siguientes preguntas: ¿cómo decimos lo que percibimos?
¿cómo contamos nuestras experiencias? Ya sea en un
relato o en un poema, ¿cuál es el camino que elegimos?
¿qué otras posibilidades hay? ¿qué encrucijadas,
qué desvíos?
Los
autores por los que pasaremos en este viaje son muy variados, de
diferentes épocas y estilos. Te menciono algunos como Baudelaire,
Proust, Darío, Martí, Calvino, Girondo, Cortázar,
Pizarnik, entre otros.
Te
dejo con un poema de ésta última, que condensa la
cuestión que intento plantear desde el taller:
explicar
con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome
(Alejandra
Pizarnik. El árbol de Diana)
Las
clases se dividen en dos partes. La primera, en la que leemos y
comentamos lo que cada participante está escribiendo, y en
la segunda, de acuerdo a la propuesta que te describí arriba,
vamos tomando distintos textos de autores consagrados y ponemos
en común las distintas perspectivas sobre los mismos. La
idea es que estas lecturas sirvan como estimulante para la escritura
propia, o que te acerques a la literatura desde esta óptica
particular, que es la del viaje y la de la traducción de
la experiencia.
***Karina A. Macció es Licenciada y Profesora en Letras por
la UBA. Allí se ha especializado en literatura latinoamericana
y argentina, investigando especialmente la obra del poeta Juan L.
Ortiz. También es profesora del idioma inglés y ha
estudiado y traducido textos como el Ariel de Sylvia Plath, La canción
del viejo marinero de Samuel T. Coleridge, y cuentos y poemas de
E. A. Poe, que han circulado en diversas publicaciones.
Ha publicado los libros de poemas Pupilas Estrelladas (-premio Arde
Filo, UBA- Siesta Editorial, 1998), Ferina (-premio de la Fundación
Octubre, 2000-La Bohemia Editorial, 2001), y Lestrygonia (-premio
De las Huellas a la Palabra, Abuelas de Plaza de Mayo, 1998- Aurelia
Rivera Editorial, 2003).
Muchos de sus poemas han sido difundidos a través de diversas
publicaciones impresas y virtuales, argentinas y extranjeras, como
Diario de la poesía, Verbigracia, Civiles Iletrados, Poesía
Argentina, Apples & Oranges, etc.
Desde 1999, es una de las realizadoras de Zapatos Rojos, encuentros
de poesía, página web y ediciones alternativas. Durante
el 2003 se desempeñó como productora artística
de Cabaret Voltaire y dirigió la primera y la segunda edición
del Festival de Cine y Video de San Telmo, que en el 2004 contó
con un público de más de 1500 personas (www.fcst.com.ar).
Coordina talleres literarios, en castellano y en inglés,
para diversas instituciones y de forma particular, desde hace más
de cinco años. Se desempeña como docente de Literatura
en el colegio universitario "Carlos Pellegrini", donde
también dicta talleres en el área de extensión
cultural. Además, lleva a cabo un taller de cuentos para
niños, gratuito, como parte del proyecto "Arte para
chicos", impulsado por el teatro la Scala de San Telmo.
Desde el Departamento de Literatura del Carlos Pellegrini, participó
en la gestación y realización la muestra sobre Cortázar
"El otro juego", que contó con el apoyo de la UBA
y la Secret. de Cultura del Gob. de la Cdad. de Bs. As. La muestra,
que a partir de un recorrido que combina la imagen y el sonido propone
una relectura de una selección de textos cortazarianos, estuvo
abierta al público durante octubre en el Carlos Pellegrini
y luego, durante noviembre, en Cdad. Universitaria, en el marco
del proyecto "Bs. As. piensa", que propuso espacios de
arte y reflexión en toda la ciudad
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